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2/2/17

Cosas que no deben pasar

Foto: alattkeva (Sollef-Suec)

Reflexión ante el equilibrio diario


Pienso a veces, sin "enrollarme" y sin interrumpir los momentos ajenos, que en la necesidad de tener verdadera iluminación, sin dejarnos llevar de esos 'prontos' de ira que marcan de forma torpe la amistad, causando sensibles impresiones o difíciles estados de ánimo, porque la primera impresión que se nos ocurre, es salir corriendo del lugar ante un reproche y delante de las miradas ajenas de desconocidos, que no saben de qué se habla, pero sí de quien sí tiene crédito en ese momento. Incluso ríen su gracia. Pienso, también, que no es bueno ser imbécil, contribuyendo honestamente a la continuidad de unos lazos, si hay desconfianza. Nos invitan a plantearnos la amistad de otra forma. Al ver que sólo representamos el bulto simbólico en un aforo, hasta que se calman los nervios. Cambia por completo lo que nos hacían sentir quienes se comportan de forma brusca o severa, sin ninguna necesidad. Indudablemente la impresión que recibes, es que ya estás descatalogado desde tiempo atrás. 

Que la vida nos dé a todos la luz que necesitamos, para ver más allá de nuestro estrecho mundo, es una cosa; pero que la luz sólo sea una forma más para andar 'iluminados' o sapientes es otra cosa. Nada cae más hondo que unas palabras llenas de soberbia, ante quienes ingenuamente nunca pensaron el daño que les harían. Comprendo con la experiencia, que son más los seres que son incapaces de seguir volando, sintiéndose seguros después. Terminan por encerrarse en sí mismos y evitar problemas incomprensibles, faltos de tacto o delicadeza, a pesar de lo aparente o del glamour que lleve quien así actúa.
La educación no es perfecta para nadie. Lo comprendo. Si hay en juego una trayectoria humana de experiencias. Y algo menos, para quien defiende su momento. Lo que sí es educado, es resolver con elegancia los inconvenientes, No llamar la atención a quien no ofende, ni interrumpe. Tenía la palabra. Cuando sólo ofrece una opinión más respetando el turno. Hay formas o maneras y se queda bien en dos minutos.
La realidad se nos presenta con cajas destempladas, altanera, desquiciada, fuera de tono e insolente. Es lo que hay. La agresividad es parte también de las personas exitosas. Se comprende cuando nada se gana con otras opiniones no editadas. Nos tenemos que callar ante la soberbia y aprender a ser más cautos con quienes tratamos. Pero dejamos de fiarnos de aquél que nos ofrecía fascinación, creyéndolo insuperable o magnífico como persona. Entendemos que ya no representa un escollo insuperable. Se convierte en uno más. Uno más del montón que sobresale por sus propios méritos. Y que, a pesar de su aparente educación, no tuvo delicadeza dejando ver el cobre.
Puede que ya no se nos valore o representemos un antes y un después, pero en el fondo hemos de agradecer a nuestra ignorancia, que es la que asume una enseñanza más de vida, por cómo esta nos sacude la badana.
La realidad de cada cual, es a veces demasiado torpe para comprender la ajena. Demasiado audaz para juzgar al inocente, pero habla de ella con desparpajo y seguridad. Por eso, si hay torpezas impensables, marcan a quien va de sincero por el mundo Y calla por educación, descubriendo al imbécil o, a quien pierde sus modales ante un incondicional amigo.

alattkeva